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La tercera vía en la mira de Milei: polarización en el terreno político argentino

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En su reciente participación en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en Asunción del Paraguay, el presidente Javier Milei optó por relativizar el concepto de “tercera vía” política, y al mismo tiempo reforzar la polarización con el kirchnerismo. Este gesto político adquiere relevancia tanto por su alcance simbólico como por lo que implica en el mapa electoral argentino en el que los gobernadores opositores buscan articular una alternativa al binarismo que domina desde hace años.

Para comprender bien este movimiento es necesario remontarse a algunos antecedentes. En los últimos meses, gobernadores de diversas provincias argentinas han impulsado la idea de una “tercera vía” o camino intermedio entre el oficialismo nacional —representado por Milei— y el peronismo kirchnerista. Una de esas expresiones es Provincias Unidas, agrupación que intenta consolidarse como espacio electoral con proyección hacia 2027, y cuyos referentes provienen de distintas tradiciones políticas locales. La posibilidad de capturar electores desencantados con los extremos o con la polarización tradicional ha sido vista por algunos analistas como un espacio con potencial, dado el deterioro de ciertos indicadores sociales y económicos.

En ese contexto, Milei eligió defender su modelo económico como una alternativa radicalmente distinta a lo que denomina “el gran gasto público, deuda, emisión descontrolada, inflación”, y rechazó expresamente cualquier intermedio que, según su definición, tienda al “socialismo”. En su discurso sostuvo que “no hay opción intermedia entre el superávit y el déficit”, y que el intento de cambio gradual ha fracasado. Al mismo tiempo, buscó dibujar una línea de contención clara frente a los que se ubican en la supuesta “tercera vía”, vinculándolos con aquello que él considera los males de los gobiernos anteriores o con la lógica opuesta al suyo.

El señalamiento tiene consecuencias prácticas: al relativizar la tercera vía, Milei refuerza la polarización política, lo que puede tener efectos tanto en la disputa electoral como en el debate institucional. En el plano del voto, podría obligar a muchos electores a definirse entre dos grandes polos, reduciendo el espacio para opciones intermedias. Para los gobernadores u opositores que apuestan por esa vía, la estrategia presidencial representa un desafío: deberán construir una narrativa que sea percibida como diferente sin ser absorbida por la polarización dominante, lo que exige claridad de posicionamiento y capacidad de articulación política nacional.

Además, la estrategia tiene subtensiones institucionales. La polarización intensificada puede tensionar la gobernabilidad, sobre todo en escenarios legislativos fragmentados. Las vías intermedias suelen requerir acuerdos parciales, coaliciones flexibles o colaboración institucional, condiciones que se dificultan cuando los actores se autoidentifican con polos opuestos. En un país con historia de fragmentación partidaria y volatilidad institucional, este tipo de discurso tiene el riesgo de endurecer posiciones, disminuir espacios de diálogo y generar mayor incertidumbre política.

No obstante, hay también límites visibles para esta apuesta de polarización. En primer lugar, la economía argentina arroja datos que no se modifican únicamente con discurso: inflación persistente, pobreza elevada, déficit fiscal y deuda externa constituyen restricciones estructurales que condicionan cualquier proyecto político. En segundo lugar, la candidata de una tercera vía, para tener impacto real, necesita no solo discursar sino ofrecer propuestas viables que conecten con los problemas concretos de la población; no basta distanciarse de los extremos. Finalmente, el calendario electoral inmediato juega su papel: las decisiones que tomen los votantes en 2025 pueden redefinir quiénes serán los actores centrales en 2027, lo que implica que las estrategias actuales tienen consecuencias a mediano plazo.

En conclusión, la desautorización que Milei hace de la “tercera vía” y su apuesta por intensificar la polarización con el kirchnerismo no son meras expresiones retóricas, sino dispositivos políticos que buscan dominar el espacio de lo posible en las próximas contiendas electorales. El interrogante que queda planteado es si esta polarización fortalecerá al Presidencia, al kirchnerismo o si, por el contrario, abrirá un nuevo campo para fuerzas intermedias capaces de canalizar el malestar ciudadano. ¿Lograrán esas fuerzas articularse de modo creíble, o la polarización seguirá operando como contenedor hegemónico en la política argentina?

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