Tal cosa ocurrió también en la casa de un ingenioso luqueño, quien al sentir la incipiente caída de las primeras bolas de hielo actuó sagaz y velozmente, sabiendo que su vehículo estaba estacionado en la calle y no tenía un techo bajo el cual resguardarlo.
Se trata de una sencilla idea, con un elemento que todos tienen en su casa. Con ella logró librar de la exposición a la furia de los granizos el parabrisas de su camioneta, una Toyota Land Cruiser de los años 80, que supo ser ambulancia en su época dorada.
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